Hablemos de nuestra cultura:
Noviembre 2008:
Día de los muertos
En noviembre se celebra el Día de los Muertos, una fiesta muy importante para la cultura hispana. A algunas sensibilidades les puede resultar una celebración un tanto macabra o grotesca. A otros les puede parecer que las imágenes de calaveras y muertos bailando son irreverentes e inapropiadas.
Todo tiene una explicación cultural, sin embargo, y no es tan negativo como le puede parecer a mucha gente. En el fondo, la fiesta trata de una profunda creencia—muy cristiana, pero también en armonía con las creencias aztecas—de que la muerte nunca es algo final y definitivo. Hay otras maneras de vivir y para los cristianos eso se traduce en la resurrección que nos alcanzó Cristo y que esperamos. En la Iglesia católica, la celebración del Día de los Difuntos es precisamente eso: un reconocimiento también de esa parte de la iglesia que ya no camina en este mundo, pero que sigue con nosotros, triunfante o en espera de la plenitud de la vida de Cristo.
Para los aztecas, la vida no era algo linear, sino circular. Era un ciclo inacabable en el que a un momento de muerte sucedía otra vida y que, todos los años se celebraba con la visita de aquellos que ya no estaban presentes en la tierra.
El mofarse de la muerte, el hacer fiesta en el Día de los Muertos no es, por tanto, sino una afirmación de vida que no termina. Es un reconocimiento de la vida que nos han dado los que han estado con nosotros, nuestros “difuntitos”, y una celebración de su vida y su presencia en este mundo, que de alguna manera continúa.
En algunos países es costumbre hacer las celebraciones en el cementerio. En casos en que eso es imposible, se colocan los altares con las velas, flores y fotografías y recuerdos de las personas que se celebran. En Puerto Rico es costumbre también encender una veladora por cada persona que se recuerda y rezar durante la noche hasta que las veladoras se consumen.
En todos los casos, el Día de los Muertos es también un buen momento de aceptar y mirar de frente nuestra propia mortalidad física, y de celebrar nuestro nacimiento a una vida eterna por el Bautismo.
Octubre 2008:
Más importante que el reloj
Uno de los aspectos más criticados de la cultura hispana es lo que algunos perciben como falta de formalidad o falta de puntualidad. Es decir, que si una persona ha dado su palabra de hacer algo o de estar en un lugar a una hora concreta, se considera una falta de educación y formalidad no hacerlo. Hay varias razones para esto y, lo que en una cultura puede ser interpretado como falta de formalidad, en otra puede responder precisamente a uno de los aspectos más bellos de la cultura, que es la atención a la persona en el momento en que se nos presenta. Las personas, entendemos, son más importantes que el tiempo o los relojes. Muchas veces quienes esperábamos y no llegaron nos dicen simplemente: “Lo siento. Se me presentó una visita…” A una visita, por sentido de hospitalidad, nunca se le pide que se marche, ni se le da la excusa de que teníamos que salir…Está ahí, ahora, y hay que atenderla. El presente es más importante.
Todo eso está muy bien, pero si se quiere vivir en una cultura en la que se tiene mucho más en cuenta
el sentido del tiempo y el valor que éste tiene, incluso en términos económicos, vamos a tener que aprender a manejar las cosas de manera que no quedemos mal con personas que también merecen todo nuestro respeto. Una manera muy sencilla de hacer esto es avisar a la persona que nos espera inmediatamente de que ha surgido algo que no nos va a permitir llegar a tiempo. Hoy día las comunicaciones, gracias a las computadoras y los teléfonos celulares, son fáciles y rápidas. Es verdad que hay que atender a las personas y despedir a una visita sería algo impensable para nuestra comunidad. Pero también hay que atender a las otras personas, que son igualmente dignas de atención.
Algunas veces la informalidad no se debe a ninguna intencionalidad. Simplemente es una falta de comunicación clara. Muchas personas de nuestra cultura, especialmente las que no son caribeñas, consideran una gran falta decir no o decir algo que piensan que no va a agradar a su interlocutor. Entonces sonríen y dicen sí, pero de una manera evasiva que piensan que la otra persona interpretará adecuadamente como un no. El problema es que no suele ser así, y la otra persona interpreta desde su cultura. El resultado es peor que si se hubiera dicho no de entrada, porque ahora la persona que esperaba se enoja porque esperó en vano, o preparó más comida de la que hizo falta.
Solucionar estas situaciones requiere un aprendizaje por ambas partes, pero la mejor manera es aprender a comunicarse de manera clara. Nadie se hace ideas equivocadas y todos quedan bien.
Septiembre 2008:
Hablemos de nuestra cultura
Siguiendo con las historias, si haces diario, sería interesante que repasaras la historia de tu propia familia. ¿Qué momentos han sido más importantes en esa historia? ¿De qué maneras los han marcado a todos las experiencias de inmigración? ¿Qué valoras más? ¿Qué momentos resultaron más desagradables? ¿Hasta qué punto, en uno u otro caso, esos sentimientos y experiencias se debieron a unos valores culturales propios del pueblo hispano? ¿Qué cosas no te gustaría cambiar?
La familia es un núcleo muy importante para la comunidad hispana. Es familia no sólo el tradicional núcleo de padre, madre e hijos, sino todos los allegados por sangre o por amistad. La gran familia se extiende a vecinos, amigos, comadres y compadres.
El ideal de familia está claro para todos. Y sin embargo, en esta sociedad, cada vez vemos más casos de ruptura familiar, de divorcios y separaciones. Hay muchos más niños y jóvenes que antes que viven entre dos familias. También ha sido común en algunos países de América Latina el que el padre tuviera una segunda familia con un segundo conjunto de hermanos. Esto se veía a veces casi como normal, pero en realidad resulta un terrible atentado contra las dos mujeres implicadas y para todos los hijos que tendrían la atención de su papá dividida. Eso, lógicamente, no es el ideal de familia cristiana que a veces proclamamos.
¿Qué sentimientos te produce, o produciría a ti tener este tipo de separación familiar? ¿Crees que es normal tener situaciones así? ¿De qué manera crees que la mentalidad debería cambiar para estar más de acuerdo con la mente de Dios y con la propia cultura que decimos celebrar?
Agosto 2008:
Más allá de los frijoles y las tortillas
A veces cuando hablamos de cultura nos referimos a lo que comemos o lo que cantamos. Pero hay que ir un poco más allá, a toda una manera de pensar, expresarse, comunicarse, relacionarse y vivir la fe.
Comencemos por lo más básico:
Las culturas hispanas son, en primer lugar, culturas orales. Las culturas orales se caracterizan por su sentido comunitario. Al no haber libros o escritos, era en la comunidad donde se recibían todos los conocimientos y se transmitían todos los valores. Las comunidades se reunían en el atardecer, alrededor del fuego, a contarse historias. A través de esas historias, se transmitía lo que era importante para la comunidad, lo que era aceptable, lo que era de admirar. Así se fueron creando modos de pensar y de obrar y también de relacionarse.

Las culturas orales son mucho más “sensuales” que las escritas, ya que se aprende por el sonido, por los sentidos, mucho más que por el pensamiento lineal. Se depende mucho más de la memoria, ya que no hay libros a donde regresar para buscar información, y por lo tanto, las cosas se repiten con ritmo y con musicalidad, para que resulte más fácil recordarlas. Es un aprendizaje en que entran mucho más todos los sentidos.
Las culturas orales dependen mucho de las historias con un conflicto de valores, o un conflicto interno de un personaje, y una resolución. Normalmente, simbolizan una lucha entre el bien y el mal, pero no se expresa en términos filosóficos. Son culturas en las que los símbolos son muy importantes.
¿Es importante para ti compartir historias y conocer la tradición común?
Para directores de formación que tienen candidatos hispanos
Puede ser que no se llegue muy al fondo de las cosas con estos candidatos a través de análisis filosóficos y conceptos abstractos, sino más bien a través de narrativas personales y “parábolas”—ejemplos con los que se puede hacer un paralelo. Las pequeñas narrativas a menudo enseñan mucho más, porque llegan a la experiencia y al sentimiento mucho mejor que los conceptos.
Con todo, ya que la formación académica de estos candidatos tiene mucho de filosófico y de cultura literal, es importante también introducirlos poco a poco en la filosofía clásica y ayudarlos a entender y practicar las estructuras de pensamiento tradicionales de la cultura occidental. Pero siempre dando prioridad a lo simbólico en ejercicios de espiritualidad. Y, sobre todo, comprendiendo su manera de comunicarse y de entender
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