Reflexiones para la semana
24-30 de noviembre
Un banquete a nuestro alcance
Siempre ha habido personas que han creído que el fin del mundo estaba cerca. En estos tiempos que corremos con tantos problemas políticos, guerras, problemas económicos e incluso desastres naturales, parece que el fin del mundo podría estar más cerca que nunca. Están casi todas las grandes señales que anuncia Jesús: catástrofes, guerras, grandes signos en el cielo.
Algunos prefieren ponerse a “salvo”—o lo que ellos entienden por esto—en lo alto de una montaña o en un refugio seguro donde creen que los elegidos serán protegidos por Dios, o transportados a la gloria sin tener que sufrir. Otros piensan que, si el mundo va a terminar, mejor disfrutar y gastar lo más que se pueda.
El problema con todo esto es que no parece haber esperanza. Jesús no hablaba de un final sin remedio y sin esperanza. Más bien aconsejaba el estar vigilantes y atentos, no tanto al fin del mundo, cuanto a la presencia de Dios entre nosotros. No tanto a la catástrofe sino al amor. No tanto a la ausencia y la escasez, que parece que nos atenazan últimamente, cuanto al gran banquete final en el monte donde no habrá más lágrimas y donde todo será abundancia y felicidad. En un modo muy real, ese banquete ya está a nuestro alcance en la Eucaristía.
¿A qué tenemos que estar atentos, entonces? Al Cristo entre nosotros. Al que tiene hambre y hay que darle de comer, a quien tiene sed y hay que darle de beber, a quien no tiene comida, a quien está preso, a quien está enfermo. La llegada de Dios a nuestro mundo ocurre todos los días. Sólo tenemos que estar atentos y despiertos.
¿De qué maneras reconoces a Cristo cerca de ti cada día? ¿De qué maneras respondes? ¿Qué escasez, qué dolor, qué tristeza y falta de esperanza hay cerca de ti, a la que puedas llevar la presencia de amor, alegría, y esperanza de Jesús?
16-23 de noviembre.
¿Cuántas cosas tienes?
¿Cuántas cosas te gustaría adquirir y poseer? Los derechos humanos incluyen un derecho a la propiedad privada. Y sin embargo, una y otra vez en el evangelio se nos dice que no hay nada que podamos realmente llamar nuestro. Todo se nos ha dado, y todo está ahí para compartirlo, para hacer que crezca y dé fruto.
Y no se trata sólo de posesiones materiales. El talento, la inteligencia, las buenas cualidades, las virtudes que se tienen no son para uno mismo. Un seguidor de Cristo, se nos repite, no puede utilizar esas cualidades para su propio enriquecimiento, ni su propio engrandecimiento, ni su propia comodidad. No se trata siquiera de una llamada a la generosidad, sino de una llamada a reconocer lo que es justo. Lo que hemos recibido es para los demás. No sólo se trata, como Zaqueo, de dar la mitad a los pobres, sino de ponerlo todo al servicio de los demás. Se trata de que, si puedes cantar, cantes para los demás; si puedes liderar un grupo para el bien común, lo hagas; si puedes escribir persuasivamente para obtener justicia para alguien, hagas eso; si tu talento está en cocinar, cocines para los demás. Nada de esto es para lograr el propio beneficio, sino para regresar lo que se ha recibido a su legítimo dueño, que es Dios.
¿Qué cualidades tienes que puedes poner al servicio de la comunidad? ¿Hay alguna necesidad a la que debas responder y entregar lo que puedes hacer? ¿Qué te detiene? ¿Tienes miedo de perder lo que crees que te corresponde?
9-15 de noviembre
Ser agradecido
Como decíamos la semana pasada, no dejar pasar la luz es igual a ponerse uno mismo como obstáculo y oscurecerlo. Es muy común hoy día pensar que se merece todo y que se tiene derecho a todo. En Chicago hace poco la ridiculez de este pensamiento llegó a pasar una regulación en que las escuelas
pagaban a los alumnos por conseguir buenas calificaciones. La tontería se disfrazó de intento de motivación para los niños, pero el problema es que educa a los niños en una mentalidad por la que se les debe todo.
Quizá esa es la actitud de los siervos de las lecturas de esta semana que piensan que, cuando han hecho todo lo que debían, se les debe algo. Y Jesús dice: no han hecho nada más que su obligación. O podría ser la actitud de los nueve leprosos que no regresan a dar las gracias. ¿Pensaban que tenían derecho a que Jesús los curara y los regresara a la comunidad? ¿Pensarían, quizá, que había sido una injusticia el que estuvieran enfermos y que por tanto se les debía la curación?
Las personas que no reconocen que todo se les ha dado gratuitamente no pueden dar las gracias. Sin embargo, el agradecimiento trae consigo más y más favores. Agradecer es simplemente reconocer lo que se ha recibido sin ningún mérito. Es verdad que, como hijos amados de Dios, tenemos toda dignidad y derecho a ser tratados con respeto. Pero no por ningún mérito nuestro, sino por la bondad de Dios. No se nos debe, se nos regala.
¿Eres agradecido? ¿Recuerdas dar las gracias por los favores que recibes, por los cuidados que se te prestan, por las cualidades que has recibido de Dios, por los talentos que debes poner al servicio de los demás porque no son tuyos?
1-8 de noviembre
Luz de los santos
En esta semana celebramos la fiesta de Todos los Santos, es decir, de todos nosotros, de toda la Iglesia, Pueblo de Dios. Probablemente casi ninguno de nosotros piensa en sí mismo como santo. Y sin embargo, por nuestro bautismo, todos somos santos y llamados a la santidad. La santidad es, simplemente, el dejar ver la gloria de Dios.
Tenemos a lo mejor, la idea de que los santos son seres perfectos, imperturbables por los acontecimientos, que nunca pierden la calma y nunca se equivocan. Y eso, sabemos seguro, no somos nosotros. A lo mejor es que confundimos a los santos con ángeles, seres puros…Pero los santos son seres humanos, que viven en esta tierra, sufren, luchan, pasan por dificultades, enfermedades y muerte. Quizá la diferencia de los santos con otras personas que no consideramos tan ejemplares, es que los santos son amigos de Dios. Viven mirando a Dios y dejando, como decía una vez un niño hablando de las vidrieras de su templo, que pase la luz por ellos. Dejar pasar la luz puede querer decir no encerrarse en el propio egoísmo; puede querer decir ser personas sinceras y decir siempre la verdad, aunque sea difícil; puede querer decir tender una mano a quienes están cerca; puede ser mantener la sonrisa y la esperanza aún en medio de situaciones difíciles. Muchas cosas son las que dan luz y claridad a este mundo.
Dejar pasar la luz es dejar que Dios brille a través de nosotros y, a veces, a pesar de nosotros, que nos querríamos poner en medio y permitir solamente que nos vean a nosotros y lo grandes, inteligentes o brillantes que somos. Pero eso lo que hace, si no deja ver que detrás de esa grandeza y bondad está la misericordia y la generosidad de Dios que nos lo ha dado todo, es oscurecer el brillo de Dios. A la larga, lo que produce es frustración, pena, desesperanza. Porque el propio brillo se apaga. La luz de Dios que vieron los santos y que dejan pasar los santos es lo que luce para siempre.
¿De qué maneras eres santo, es decir, dejas pasar la luz a través de ti? ¿Se puede decir de ti que eres una persona de esperanza y alegría? ¿Te fías más de tus propias fuerzas que de la gracia que te da Dios cada día?
27 al 31 de octubre
Encontrar paz y la esperanza
En algún momento, todos sentimos como que la vida se nos escapa, y que algunas veces los problemas son insuperables. ¿Dónde encontraremos esperanza? A veces parece que las cosas se van a quedar así, sin solución ni salida. Entonces, recurrimos a toda clase de remedios y estamos dispuestos a probar cualquier cosa que nos recomienden…Pero pronto nos damos cuenta de que nada sirve. Esta semana celebramos la fiesta de San Judas, que es patrón de casos difíciles. Mucha gente se encomienda a él sabiendo que no pide tanto un milagro cuanto la paz y la esperanza para mirar a la realidad con valentía y luchar por las cosas que pueden cambiar y aceptar las que no se pueden cambiar.
¿Qué te está preocupando en este momento? ¿Piensas que no tiene solución? ¿Qué remedios buscas? ¿Funcionan? ¿Qué te puede dar paz y serenidad en este momento?
20 al 26 de octubre
Inflamados en el amor de Dios
Hay personas que no saben expresarse por escrito. Les cuesta buscar las palabras y engarzarlas como deben. Otros, como San Antonio Claret, parece que tienen un río de palabras a su disposición y son convincentes. Claret tenía el don no sólo de hablar y predicar muy bien, sino también de escribir de manera sencilla, para que la gente del pueblo pudiera comprender el mensaje. Tuvo muchos seguidores y hoy día la Congregación que él fundó (conocida como los Claretianos) se extiende por todo el mundo.
Pero Claret no convencía tanto por las palabras cuanto por su persona y sus obras. La gente tiene que ver la coherencia entre la vida y el mensaje. Claret conoció su vocación y respondió a ella con energía, entusiasmo y pasión. Dijo que sus seguidores debían ser hombres inflamados en el amor de Dios. Y si tienen palabras para comunicarlo, está muy bien. Pero será su vida la que más hable.
¿Qué podrían decir de ti las personas que te vieran? ¿De qué maneras proclaman tus acciones el amor y la salvación de Dios? ¿Qué te entusiasma? ¿Qué te apasiona? ¿Cómo lo expresas?
13 al 19 de octubre
La casa ideal
¿Cómo te gustaría que fuera tu casa? Si te imaginas la situación ideal, ¿cómo es y quién habita en ella?
¿Cuántas habitaciones tiene? ¿Con quién te encuentras allí? ¿De qué hablan? ¿Verdad que la amistad puede ser uno de los dones más grandes que tenemos, una de las mejores bendiciones? Cuando estamos con una persona amiga, a veces no es ni necesario decir nada. Simplemente estamos, a veces en silencio. Pero cuando queremos hablar, sabemos que no hay ningún temor a que se nos juzgue o rechace.
Santa Teresa, cuya fiesta celebramos este 15 de octubre, decía dos cosas muy importantes sobre la oración. La primera, que orar es tratar de amistad con quien sabemos nos ama. La segunda, que constituye su obra más importante sobre la oración, es que la vida de oración es como un castillo interior. Se va profundizando en la amistad y el amor de Dios a medida que se van pasando las diversas estancias (ella describe 7, que son como distintos niveles de oración). En la cámara más interna, la más profunda, se llega a una unión total con Dios, de manera que se goza, ya desde este mundo, casi de la visión de Dios. Es un camino largo hasta llegar ahí dentro, pero esa gracia es tan grande que vale la pena gastar toda la vida en ello. Por parte de la persona, sólo requiere perseverancia. Dios da toda la gracia.
¿Perseveras en la oración, o te cansas porque “no sientes” nada? ¿Esperas a veces que la oración consiga milagros o favores? ¿Qué pasa si no consigues lo que quieres?
6 al 12 de octubre, 2008
Hacer todo con amor, entusiasmo y energía
¿Alguna vez has tenido la sensación de que tanto trabajo y actividad para lograr cosas tenía poco sentido? Las cosas se acaban, o dejan de tener interés después de un tiempo. A veces somos como los niños muy entusiasmados con un regalo que, al poco tiempo, ya ni miran para él y lo dejan arrinconado. Y en el mundo quizá tengamos esa misma sensación. ¿Qué hay al final? ¿Merecen la pena todos estos esfuerzos?
Otro Francisco de esta semana, Francisco de Borja, llegó a la conclusión de que no merecía la pena servir a personas o cosas que se pudieran morir. En cierto modo, parece que estaba muy apenado por la muerte de la reina a quien servía. No es que servir a la reina fuera, en sí mismo, malo. Pero sí servir solamente a la reina y darle todo. Pero también se daba cuenta que dar la vida tan plenamente como él la había dado sólo se podía hacer por algo eterno, como Dios. Desde entonces se dedicó a servir a Dios con toda su alma, vida y corazón.
A veces nos aficionamos a cositas que pueden resultar muy satisfactorias durante un tiempo, que pueden incluso ser buenas, pero si se convierten en obsesión, o en el todo de una vida, al final dejan más sed. Es bueno tener aficiones, e incluso servir a una buena causa, pero Dios está siempre más allá. Es decir, si todo lo que hacemos con amor, con entusiasmo y energía responde a lo que Dios quiere de nosotros, nuestra pasión es buena y santa. Si no, si lo hacemos por nosotros mismos y para satisfacer un gusto temporal, habría que reconducirlo.
¿En qué ocupaciones o entretenimientos estás ahora mismo que te llevan toda tu energía y ser? ¿Son de Dios y para Dios?
1 al 5 de octubre
Vivir más sencillamente
Nos vamos acercando a las elecciones y, seguramente muchos sentimos una cierta angustia por el futuro de este país, y de muchos de nuestros países de origen. La situación económica está muy mal, quizá nuestras familias estén sufriendo por esto, o quizá personas conocidas vivan una gran inseguridad ante esta situación. Continúan las guerras, por otra parte, y muchos de nuestros jóvenes aún están en el
frente. Este día 4 celebramos la fiesta de San Francisco de Asís, un joven que, antes de su conversión, fue político y guerrero y que, al encontrarse con el Cristo vivo abandonó toda seguridad material por seguirle en pobreza. Es muy probable que nuestras circunstancias sean muy distintas a las de él, pero sí que podríamos aprender algunas lecciones. ¿Podríamos vivir un poco más sencillamente? ¿Podríamos privarnos de algunas cosas para que otros puedan tener más? Es decir, vivir con menos para que otros tengan para vivir.
¿De qué maneras podemos hacer la paz en nosotros mismos y en nuestras familias? ¿Podríamos respetar un poco más el ambiente, teniendo más cuidado de no gastar tanta agua o luz? ¿Podríamos ofrecer un poco de esperanza en medio de tanta desolación por nuestra actitud generosa, disponible y serena?
21 al 30 de septiembre
Cuando uno tiene una buena noticia, se apresura a comunicarla a otros.
Llama por teléfono a todos los familiares y conocidos y transmite su alegría. Las noticias nunca se callan o se guardan para uno mismo. Nacimientos en la familia, promociones, compromisos, premios…todo eso hay que comunicarlo a toda prisa. Parece, entonces, natural, que quienes se han encontrado con Jesús y han conocido su verdad y la abundancia de su vida, quieran ir a comunicarlo a otros. Y sin embargo, a menudo es todo un esfuerzo salir a testimoniar a Cristo. Se temen las consecuencias de rechazo, burla, o fracaso. Sin embargo, ser testigo, ser misionero, es parte esencial de ser cristianos. Es decir, que no se puede ser cristiano sin dar la noticia de la salvación y el amor de Cristo. San Francisco les decía a sus seguidores que lo hicieran siempre, y, que si era necesario, utilizaran palabras. Es decir, que la mayoría de las veces, no es necesario siquiera hablar, sino decir con la vida lo que se cree.
¿Qué ve la gente en ti? ¿Ven alegría en tu trabajo, responsabilidad en tus obligaciones, amabilidad hacia los demás, lucha por la justicia, verdad en tus relaciones, generosidad en tu darte a ti mismo y dar lo que tienes? ¿O ven, por el contrario, negatividad, deseo de control, flojera en tus obligaciones, antipatía, descuidos, encerramiento en ti mismo? ¿Eres buena noticia para los demás, o la gente instintivamente te huye?
14 al 20 de septiembre
Todo pasa
A veces estamos gozando un momento muy especial, y nos parece que querríamos atraparlo como para que no pasara nunca. Otras veces, estamos viviendo un momento de dificultad o angustia y nos da la impresión de que no va a solucionarse nunca. Entonces sí que quisiéramos que el tiempo pasara y las cosas cambiaran. En el mundo en que vivimos, por otra parte, todo parece relativo. Todo depende de otra cosa y nada parece tener una validez absoluta. Pero nos deja insatisfechos, porque queremos conocer lo que está bien y lo que está mal, y tener certezas sobre la verdad.
En esta semana, de muchas maneras las lecturas nos dicen que sí hay una verdad verdadera y una vida que no se acaba por la cual merece la pena dar todo lo que tenemos y entregar nuestra propia vida. Y esa vida sólo puede ser la vida de Cristo, la que no se acaba. Todo dolor y toda alegría en este mundo, pasa. Pero la alegría de conocer el triunfo final, la salvación final, nunca puede pasar. Porque es nuestra única verdad.
¿Qué experiencias estás viviendo ahora mismo? ¿Son agradables o difíciles? ¿Te gustaría que siempre fuera así, o quieres que todo cambie? ¿Cómo buscas la verdad? ¿A qué aspiras en tu vida? ¿Encuentras en el Cristo vivo tu única verdad?
7 al 13 de septiembre
¿Qué es para ti la felicidad?
¿A qué aspiras? ¿Qué deseas? ¿Qué es importante para ti? ¿Por qué cosas estarías dispuesto a luchar y a dar lo mejor de ti? Quizá quieras dinero, fortuna, prestigio. Pero no siempre es todo como lo dicta la sociedad. En este mundo, parece que lo más importante es tener dinero, fama, prestigio. Los actores y actrices reciben toda la atención del mundo. Los deportistas de las olimpiadas recibieron toda la atención del mundo en el pasado agosto. Parecería que son los más importantes de este mundo. Pero
todo eso se acaba tarde o temprano. Y la gente olvida a los ídolos que se había hecho. Y sin embargo, hoy se nos habla de otra felicidad muy distinta. Es la felicidad de quienes no tienen nada y quienes no tienen otra que fiarse totalmente de Dios. Es la felicidad de quienes saben que pueden estar perseguidos y agobiados por tratar de hacer el trabajo de Dios, luchar por la justicia y la paz. Es la felicidad de quienes son amigos de Dios y viven para Dios. ¿Una felicidad algo extraña? Bastante, porque parece que ese tipo de vida, además de muchas dificultades, tiene problemas económicos importantes. Y, a los ojos del mundo, podría parecer como que uno está fracasado. ¿Merece la pena luchar por algo que no nos da lo que en el mundo se piensa importante y necesario? ¿Por qué dice Jesús que esa es la verdadera felicidad? ¿Por qué algunos seguirán ese camino?
¿Qué significaría para ti aceptar ese desafío a una felicidad distinta y más duradera? ¿Qué cosas de tu vida tendrían que cambiar? ¿Qué tendrías que perseguir?
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