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Temas del día

 

NOVIEMBRE 2008:

La situación económica y la inmigración

Algo de lo que no se habló apenas durante la campaña presidencial, ocupados y preocupados como estábamos sobre la situación económica, fue del tema de inmigración. En momentos de grave dificultad financiera y de incertidumbre sobre trabajos, hipotecas, seguros sociales y médicos, el sentimiento antiinmigratorio suele agravarse. Es casi consecuencia lógica. Hay que buscar un culpable y una solución. En la mente de muchos está claro que el culpable es el que vino a quitarles los trabajos a los ciudadanos que estaban aquí con anterioridad. Y la solución es cerrar las puertas, expulsar a los indocumentados y repartir los trabajos existentes. Como todo es tan simplista, no merece ni la pena responder a tales argumentos.

Frontera Estados Unidos y MexicoLos obispos de Estados Unidos llevan mucho tiempo en campaña para promover una reforma justa de las leyes inmigratorias.

Como católicos, creemos que somos pueblo de Dios, reunido por Cristo que destruyó las barreras que dividían a los pueblos. San Pablo escribía en su carta a los Efesios (2:14-15), “Porque Cristo mismo nos ha traído la paz haciendo un solo pueblo de judíos y gentiles. Abolió la ley judía con todos sus mandamientos y reglas, para crear de las dos razas un nuevo pueblo unido a sí mismo, haciendo así la paz”. También se nos recuerda en el evangelio que debemos acoger a los extraños del mismo modo en que acogeríamos a Jesús y de que todo lo que hacemos por los demás, por El lo hacemos.

Aunque Jesús nos haya dicho que acojamos al forastero, que cuidemos del pobre, que alimentemos al hambriento y que visitemos a quienes están en prisión, en éste, como en muchos países, el temor nos ha hecho sospechar de quienes son distintos o pertenecen a otra cultura o grupo étnico. Es un temor que vimos durante la campaña electoral en que los árabes, o quienes practican la fe islámica se vieron reflejados como terroristas. El temor también ha alimentado los ataques a los inmigrantes, la construcción de un muro en la frontera entre México y Estados Unidos, las redadas de empleadores en toda la nación, las deportaciones que separan a las familias y el prejuicio. Mientras tanto, las llamadas de los obispos de Estados Unidos a la solidaridad con los inmigrantes a menudo se encuentran con la hostilidad o la indiferencia, incluso por parte de los católicos, aunque los principios en los que se apoyan los obispos son bíblicos, no políticos.   

Aunque toda nación tiene el derecho de proteger sus fronteras, es importante que reconozcamos las realidades que obligan a los inmigrantes a abandonar su tierra natal y sus familias por un futuro incierto en un nuevo país. Los así llamados “ilegales” no lo son porque se enfrenten a la ley, sino porque la ley no les proporciona canales para regularizar su status en nuestro país, que por otro lado, necesita su trabajo. No están ellos rompiendo la ley, sino que la ley los está rompiendo a ellos, dijo el Obispo Thomas Wenski, de Orlando, Florida.

En el momento en que un nuevo liderazgo político se hace cargo de la Casa Blanda y del Congreso, no debemos dilatar el exigir, como comunidad y como iglesia, que tomen de nuevo en consideración el tema de la reforma inmigratoria e insistan en políticas justas que no solo mantengan a la nación fuerte, sino que pongan a un lado los temores y prejuicios culturales, provean oportunidades justas para que los trabajadores indocumentados puedan regularizar su situación, dejen de separar a las familias y traten de las injusticias económicas y la represión que están en el núcleo de la inmigración.

 

OCTUBRE 2008:

Antes de las elecciones

Noviembre ya está ahí a la vuelta de la esquina y las elecciones posiblemente sean para nosotros uno de los momentos de mayor soledad de nuestra vida. Es posible que nuestras convicciones políticas no sean como las de nuestros padres o abuelos. O, incluso, que las de nuestros amigos. Para quienes pueden votar, es posible que la elección signifique un profundo dilema moral. Y se agrava más, porque nadie nos va a decir cómo tenemos que votar. En esto tenemos que ser totalmente libres.

Lo que sí sabemos es lo que nos dice la Iglesia, que propone la responsabilidad política como una obligación moral. Es decir que no podemos “pasar” de acudir a las urnas y hacernos los sordos o los locos ante las circunstancias del país. ¿Nos dice la Iglesia cómo debemos votar? No. La Iglesia es consciente de que hay diversidad de opiniones y de orientaciones políticas y que las personas tienen que ser consecuentes y libres. Lo que sí recomienda la Iglesia es que no se vote a la ligera, sólo porque un candidato nos cae mejor que otro, sino con unos criterios morales y de valores evangélicos. ¿Qué candidato nos parece que tiene las políticas más justas en términos sociales? ¿Quién nos parece que mejor va a defender a los trabajadores? ¿Quién tiene una política económica más convincente? ¿Quién nos ofrece más garantías de trabajar por un sistema de salud que atienda a las necesidades de los más desamparados? ¿Quién estará más inclinado a trabajar por políticas de inmigración justas? ¿Quién luchará a nivel internacional por la seguridad nacional y al mismo tiempo por la paz?

Son preguntas duras porque no siempre tienen respuestas clarísimas. Y porque quizá un candidato convenza en un área y no en otra. Entonces, lo que hay que hacer es preguntarse cuáles son los asuntos más cruciales, informarse sobre las plataformas de cada candidato y hacer una elección libre de presiones de lo que nos digan los demás, o lo que diga la prensa, o cuál sea la moda o la corriente.

Quienes no puedan votar porque no tienen ciudadanía tienen que recordar que también es su obligación votar en sus países de origen y aquí, participar en todo lo que puedan dentro de la legalidad: grupos de reflexión o activismo, manifestaciones u otras expresiones, ayuda a quienes están siendo víctima de alguna injusticia, y, claro está, oración por el país, por los gobernantes y porque haya políticas justas para todos.

 

SEPTIEMBRE 2008: 

"Tengo derecho a ser feliz..."

 Esto se oye muchas veces por ahí, y se llega a creer que alguien nos tiene que conceder ese derecho. Que nuestra felicidad depende de que otros hagan ciertas cosas por nosotros o nos permitan hacer ciertas cosas. El problema es que la felicidad propia no depende de otros. Y que la Constitución de Estados Unidos garantiza el derecho de la persona a buscar su felicidad, no el derecho automático a la felicidad. Es decir, que es una tarea personal. No se dice que los demás nos tengan que hacer felices plegándose a nuestros deseos, o incluso a veces a nuestros caprichos. Se dice que uno tiene que esforzarse y buscar lo que le va a dar felicidad. Y, ¿qué podría ser eso? ¿Qué puede satisfacer más que nada? Para algunos será conseguir ciertas metas que se marquen a sí mismos, ya sean de logros profesionales, académicos o deportivos. Para otros quizá la felicidad consista en tener toda clase de bienes materiales y comodidades.

Hace unos meses el famoso periodista Tim Russert falleció repentinamente mientras grababa uno de sus programas. En los reportajes que ofreció la televisión sobre su vida, salía un testimonio del propio Russert hablando de algo que siempre le decía él mismo: “Sabes que siempre serás amado. Pero nunca pienses que tienes derecho a que se te den las cosas”. Es un mensaje que a algunos les podría parecer duro, pero que es una de las cosas más amorosas que un padre le puede decir a un hijo, para que éste salga adelante y sea todo lo que puede ser en esta vida.

A veces los hispanos, como otras minorías, pensamos que como la sociedad no nos dio las oportunidades que a otros, ahora se nos debe algo. Y sin embargo, a veces cuando se nos presentan oportunidades de conseguir algo, si nos cuestan algún esfuerzo personal, las dejamos rápidamente. Las oportunidades no son derechos adquiridos, sino ofertas gratuitas que hay que aprovechar. Nadie es responsable de la felicidad de otros. Cada persona debe perseguir su propio desarrollo.

Hay más. Jesús dice que quien pierde su vida la encontrará mientras que aquellos que se aferren a ella, la perderán. ¿Qué quiere decir esto? Quizá que buscar la felicidad en el propio beneficio material o la propia comodidad en el fondo no lleva a nada. Y que quizá buscar la vida en el realizar en nosotros el sueño de Dios—es decir, llegar a ser todo lo que Dios quiere para nosotros—sea el verdadero camino a la felicidad.

¿Cuáles piensas que son tus derechos? ¿Dónde buscas la felicidad? ¿Aprovechas las oportunidades de educación y desarrollo que se te ofrecen, incluso si suponen sacrificios personales y esfuerzos para ti?

AGOSTO 2008: 

Horóscopos, tarot, adivinas

Seguro que alguna vez—o muchas—has mirado tu horóscopo o las descripciones de personalidad que se hacen según las fechas de nacimiento. Es divertido, pero está bastante claro que no se puede creer mucho en eso. Es más o menos benigno y a veces tiene coincidencias sorprendentes. Pero el creer en cartas astrales, en lecturas de la fortuna, o en encantamientos puede traer consecuencias y problemas. Por ejemplo, nos cuenta un amigo que vio en una revista una receta explicando cómo atraer a un hombre. Al parecer, la receta no era sólo cosa de un mes, sino que cada mes se ofrecía un encantamiento para distintas cosas. A veces los anuncios para todo esto aparecen junto con imágenes católicas y pueden confundirse con las creencias de la tradición de la iglesia, o con religiosidad popular.


Los amuletos, adivinos, horóscopos, cartas del tarot
y otras muchas formas de predecir el futuro, cambiar el presente, o ponernos en comunicación con los fallecidos, nos atraen. No podemos olvidar a los que les atraen los hechiceros, pociones y conjuras para intentar causar el mal y el daño a los demás. A muchos les impulsa la curiosidad. Otros creen verdaderamente en su eficacia. Sin embargo, comprar los objetos que se venden, pagar por los servicios de hechiceros o adivinos, sólo sirve para dejarnos con un poco menos de dinero, darnos un falso sentido de seguridad y adentrarnos en un mundo que desconocemos.

A la Iglesia no le gustan estas cosas y no es porque desee que la gente se aburra, o le moleste la diversión con los horóscopos, por ejemplo. Tampoco es que no quiera el bien que—según estos encantamientos—le podría venir a la persona. Lo que ocurre es que la Iglesia considera que, al poner la fe en objetos, encantamientos, adivinanzas y cartas de tarot, se intenta usurpar el poder que le corresponde solamente a Dios. Es decir, el intentar controlar el futuro, la historia, e incluso la enfermedad y la muerte, en vez de afianzar nuestra confianza y dependencia de Dios lo que hace es esclavizarnos a fórmulas. Es hacer dios a algo que no lo es. Sólo tenemos un Dios. Según el Catecismo de la Iglesia Católica: Estas prácticas “están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”. (CIC 2116)

¿En quién o en qué confías tú? A veces es posible que tengas un pensamiento científico que te impide creer en Dios y en las enseñanzas de la Iglesia por considerarlas poco demostrables. Y ¿esto? ¿Es mucho más demostrable o probable?